La vida de artista

Un camino incierto, pero quizá el más rico por recorrer

RÉFLEXIONS

Jérôme De Cuyper

10/24/20252 min leer

La vida de un artista cuando eres músico
La vida de un artista cuando eres músico

Llamarse “artista” no es algo evidente, sobre todo en un mundo donde esa palabra suele rimar con fama.
Pero ser artista es, ante todo, una forma de habitar el mundo, transformar lo que tocamos, atrevernos a lo inesperado y tejer lazos con las cosas y personas que nos rodean.

En una sociedad que nos empuja a ir cada vez más rápido y a obtenerlo todo de inmediato, elegir un camino artístico puede parecer sorprendente.
Lo aprendí cuando dejé la ebanistería por la música: a mi alrededor, sorpresa, preocupación, escepticismo. ¿Era miedo por mí? ¿Falta de confianza? ¿O el reflejo de sus propias renuncias? No importa. Lo importante es mantenerse firme, porque nadie conoce mejor nuestro camino que nosotros mismos.

Pero elegir este camino significa aceptar el vértigo, porque ser fiel a una vocación artística no siempre es fácil. Hay que cubrir lo esencial, comer, pagar las facturas y mantener el ánimo, incluso cuando a veces resulta difícil no perderse cuando la creación es nuestra brújula.

Y, sin embargo, a pesar de las dudas y los obstáculos, hay momentos de gracia: un instante de música que resuena, una nota que conmueve, un público silencioso pero atento. Esos momentos nos recuerdan por qué elegimos este camino.

La historia de muchos artistas lo demuestra: quienes se atrevieron a innovar, romper costumbres o desafiar normas, a menudo conocieron incomprensión, pobreza o falta de reconocimiento.
Pero vivieron con una intensidad incomparable. Algunos alcanzaron la fortuna, a veces a costa de un espíritu más comercial que artístico, e incluso apropiándose de las ideas de los apasionados. Otros dejaron obras sutiles, discretas pero luminosas, huellas que siguen resonando mucho después de su paso.

Ser artista puede significar mantener una mirada nueva en un mundo que no deja de repetirse. También implica persistir a pesar de todo, incluso cuando todo parece incierto, conservando el espíritu del niño, aquel que observa y se maravilla de cada cosa que descubre para inspirarse, sin necesariamente pensar en el mañana.

Creo profundamente que todos llevamos dentro una parte de artista. Despertarla es aprender a ver más allá de nosotros mismos. Alimentarla es dejar tras de nosotros destellos de luz, huellas frágiles pero sinceras, fragmentos de humanidad que quizá sobrevivan a nuestras vidas e inspiren a otros a seguir su propio camino.