La kora a través del tiempo

¿Cómo ha evolucionado la kora? Desde las cuerdas de tripa originales hasta las innovaciones contemporáneas, descubra la historia técnica y sonora de este instrumento único.

KORA

Jérôme DeCuyper

9/25/20267 min leer

Introducción: El espejismo de un sonido congelado

Al escuchar música de kora, es fácil dejarse transportar por un imaginario de pureza atemporal. Uno disfruta imaginando que las vibraciones que emanan de la calabaza prolongan aquellas que antaño resonaban en la corte del Imperio de Mandé. Esa sensación de continuidad es parte de la belleza y la fuerza espiritual de la kora.

Sin embargo, la kora nunca ha sido un instrumento estático. Ha evolucionado a lo largo de las generaciones, a veces mediante pequeños matices y otras veces a través de cambios mucho más radicales. Como ebanista y luthier, observo esta historia a través de los materiales, las tensiones, los sistemas de afinación y, sobre todo, las consecuencias acústicas de cada elección. Lo que hoy llamamos «música tradicional» es también el resultado de esta sucesión de adaptaciones.

Reconstruir esta cronología permite comprender cómo se ha ido configurando la kora con el paso del tiempo, sin que ninguna de esas transformaciones haya hecho desaparecer los elementos que constituyen su identidad.

1. Orígenes, tripas y escalas no temperadas

Para comprender el camino recorrido, es necesario regresar a la génesis de este instrumento que es la kora. En sus orígenes, la luthería estaba íntimamente ligada a los recursos brutos de la naturaleza y de la artesanía local: una media calabaza recubierta por una piel de vaca tensada, un mástil de madera de vène y, sobre todo, cuerdas hechas de tripa de animal o fibras de cuero. Lo que se trenzaba con rigor alrededor del mástil eran los konso: esos anillos de cuero tradicionales que servían precisamente para tensar y afinar las cuerdas. El número de cuerdas en sí mismo ha fluctuado según las regiones y las épocas, estabilizándose por lo general en torno a las 21 cuerdas.

Estas cuerdas de tripa ofrecían una textura acústica radicalmente diferente a la del nailon actual: un sonido más mate y carnoso. Pero la transformación más profunda se situaba a nivel del oído. La música de kora original no respondía a los criterios del sistema temperado occidental (la división de la octava en 12 semitonos iguales que rige nuestros pianos y guitarras modernos). Las afinaciones tradicionales utilizaban escalas microtonales o temperamentos equiheptatónicos (que dividían la octava en siete intervalos aproximadamente iguales).

Escuchar una kora afinada según estos criterios antiguos puede sorprender, o incluso desestabilizar el oído moderno. No hace falta remontarse dos siglos atrás para darse cuenta de ello: basta con escuchar ciertas grabaciones de archivo o temas antiguos que aún están disponibles en YouTube para percibir esta afinación diferente, este color bruto que se ha ido desvaneciendo progresivamente en favor de una alineación con los estándares de escucha occidentales.

2. La física de la luthería: Cada cambio tiene una consecuencia

En la luthería, nada es neutro. Modificar un material, el peso, la tensión o el sistema de afinación conlleva necesariamente consecuencias en la forma en que el instrumento responde y produce su sonido.

Cuando el hilo de nailon sustituyó a la tripa a lo largo del siglo XX, el brillo y la estabilidad de la afinación se vieron profundamente alterados.

La búsqueda de una afinación más precisa y práctica llevó posteriormente a los constructores a explorar alternativas a los anillos de cuero. Una primera transición importante surgió con las clavijas de madera insertadas directamente en el mástil, al estilo de otros instrumentos de cuerda.

Más tarde, a finales de la década de 1970, los monjes benedictinos de la abadía de Keur Moussa, en Senegal, abrieron un nuevo camino al dotar a la kora de clavijeros metálicos de guitarra.

La ventaja práctica es evidente, especialmente a la hora de afinar en el escenario. Sin embargo, el cambio no afecta únicamente a la comodidad. Una cuerda no reacciona exactamente igual si se apoya sobre un anillo de cuero o madera, o si está anclada a un mecanismo metálico; cada solución modifica a su manera el equilibrio del instrumento.

En esta reflexión se enmarca mi propia labor como luthier.

Que yo sepa, fui el primero en diseñar, en 2008, una kora de 32 cuerdas fabricada totalmente en madera, prescindiendo por completo de la calabaza y la piel. Esta kora cuenta con una caja de resonancia y una tapa armónica de madera, provistas de aberturas acústicas similares a las de un violonchelo o un contrabajo. El resultado ofrece una mayor proyección y profundidad, así como una resonancia maderera característica, todo ello sin perder la esencia de la técnica interpretativa de la kora.

Esta experiencia me demostró, ante todo, que es posible modificar profundamente la estructura de un instrumento sin renunciar a los rasgos que definen su personalidad.

Más recientemente, otros lutieres han continuado esta investigación sobre los materiales. Cabe destacar a los fabricantes de koras Kaëlig, quienes han incorporado el carbono a su proceso de elaboración, creando modelos que conservan la forma tradicional de la calabaza e incluso empleando membranas de carbono para las tablas armónicas. El objetivo es, sobre todo, lograr una mayor estabilidad térmica y ligereza, cualidades especialmente valiosas cuando los instrumentos deben transportarse.

3. La ilusión de la «kora cromática» de palancas

La siguiente cuestión ya no se limitaba a los materiales o a la afinación, sino que concernía a las posibilidades musicales que ofrecía el instrumento.

En esta búsqueda de adaptación a los repertorios modernos, la incorporación de palancas de semitono —tomadas de la arpa celta— supuso una nueva etapa.

A menudo se dice que estas palancas dieron origen a la «kora cromática». Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente musicológico, dicha denominación requiere matices.

Un arpa celta equipada con estas palancas no se convierte por ello en un arpa cromática: sigue siendo un instrumento diatónico en el que se puede modificar la altura de ciertas notas. En una kora, estas palancas permiten principalmente cambiar rápidamente la afinación entre una pieza y otra. Con cierta destreza, el músico también puede manipular una o dos palancas mientras toca.

Por tanto, ofrecen una posibilidad adicional, pero no permiten acceder a todas las notas cromáticas de forma fluida y simultánea.

Este matiz es importante para comprender lo que sigue. La verdadera cuestión consistía en saber cómo preservar la organización y la técnica de ejecución de la kora, permitiendo al mismo tiempo que el músico dispusiera realmente de todas las notas de la escala cromática.

4. La Jazzy-Kora: dos pedales, dos mecanismos

De esta reflexión nació la Jazzy-Kora.

La Jazzy-Kora es una kora cromática de 32 cuerdas con pedales, diseñada para permitir el acceso a un lenguaje armónico y melódico mucho más amplio, especialmente en el ámbito del jazz y la música contemporánea.

Su particularidad no reside únicamente en la presencia de dos pedales; cada uno de ellos acciona un mecanismo distinto.

El primer pedal actúa sobre un puente doble. Es un elemento que nunca había detallado realmente en mis presentaciones del instrumento. Este puente doble permite modificar mecánicamente la altura de las cuerdas correspondientes.

El segundo pedal acciona un sistema de varillaje que actúa sobre otro conjunto de cuerdas y permite, junto con el primer mecanismo, completar el dispositivo cromático.

La decisión de separar estas dos funciones en dos sistemas mecánicos responde a una exigencia muy concreta: era necesario integrar la posibilidad de modificar la altura de las cuerdas manteniendo, al mismo tiempo, la disposición de ejecución característica de la kora.

Así pues, el doble puente y el sistema de varillaje constituyen dos respuestas distintas a un mismo desafío de luthería. Su combinación permite obtener las posibilidades cromáticas buscadas sin transformar la kora en otro instrumento.

Con sus 32 cuerdas, sus dos pedales, su doble puente y su sistema de varillaje, la Jazzy-Kora representa el fruto de una investigación iniciada mucho tiempo atrás: ¿cómo hacer evolucionar el instrumento sin perder su forma particular de interpretación?

Conclusión: la tradición es un movimiento.

En esta misma línea sitúo mi trabajo como lutier. La kora de madera de 32 cuerdas de 2008 y, posteriormente, la Jazzy-Kora, son dos respuestas distintas a una misma pregunta: ¿hasta dónde se puede hacer evolucionar el instrumento sin que pierda su identidad?

La música tradicional, sea cual sea su origen, nunca es exactamente igual cuando pasa de un músico a otro. Cada uno aporta su propia forma de tocar, sus adornos, sus variaciones, su ritmo e incluso, a veces, pequeñas libertades que terminan enriqueciendo el lenguaje transmitido. Por tanto, la tradición no reside únicamente en la reproducción fiel de lo que existía antes que nosotros, sino también en la capacidad de cada generación para apropiarse de ella.

Concibo la lutería de la misma manera. Un instrumento puede cambiar de material, de mecanismo o de estructura sin que desaparezca su identidad, del mismo modo que una melodía puede transformarse en manos de quien la interpreta sin dejar de ser reconocible. La tradición no es algo estático: es una materia viva que se transmite, se transforma y sigue enriqueciéndose gracias a quienes la mantienen viva.

Un mástil de kora tradicional con konsos y la kora jazzy
Un mástil de kora tradicional con konsos y la kora jazzy
Clavijas de afinación de una kora
Clavijas de afinación de una kora
kora konso de cuero trenzado
kora konso de cuero trenzado
Clavijas de guitarra en una kora
Clavijas de guitarra en una kora
Kora totalmente de madera
Kora totalmente de madera
Palanca de semitono para arpa celta
Palanca de semitono para arpa celta
El doble puente de la kora cromática Jazzy Kora
El doble puente de la kora cromática Jazzy Kora
Mecanismo de varillaje para kora cromática Jazzy Kora
Mecanismo de varillaje para kora cromática Jazzy Kora

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