
Aprender sin maestro
Cómo la ausencia de un guía abrió un camino único para mí con la kora
KORA
Jérôme De Cuyper
10/10/20252 min leer


Descubrí la kora casi por accidente, gracias a un amigo senegalés que encontré de nuevo en Francia. Me dio la oportunidad de comenzar con un modelo tradicional de 21 cuerdas, con llaves de afinación de madera. La primera vez que posé mis dedos sobre el instrumento, algo se despertó en mí: una fascinación, un llamado.
Al principio, iba tanteando. Aprendía copiando, o con la ayuda de un pequeño software llamado Jaliya, que ofrecía algunas tablaturas. Toqué “Jarabi” de Toumani Diabaté, la pieza imprescindible que casi todos los principiantes tocan en algún momento. Pero pronto, la frustración creció: sentía que la kora tenía mucho más que ofrecer y tenía sed de descubrir sus secretos.
Como muchos, me hubiera gustado tener un maestro. Alguien que abriera las puertas del repertorio, que transmitiera los gestos justos y las sutilezas. Pero no podía permitírmelo. Sentí profundamente esa carencia: como estar solo frente a un océano inmenso, con un frágil bote y sin brújula.
En lugar de rendirme, elegí convertir esa soledad en motor. Me dije: “Si no puedo entrar en esta tradición por la puerta principal, tal vez sea porque debo forjar mi propio camino. Después de todo, no nací griot; mi piel blanca me sitúa fuera de esta herencia… tal vez ahí reside exactamente mi diferencia y lo que tengo para expresar.”
Entonces me abrí a otros horizontes: músicas occidentales, melodías del acordeón diatónico y composiciones propias. También construí mi primera kora de 32 cuerdas para ampliar mis posibilidades sonoras. De aquel período nació mi primer disco, La valse de ma kora, como un cuaderno de viaje donde iba descubriendo poco a poco mi propio camino.
Con el tiempo aprendí a hacer dialogar esos dos mundos: conservar la esencia del juego tradicional y abrirlo a mi propia manera de entender la música. Inventar un lenguaje híbrido, profundamente mío.
Hoy, con la distancia, comprendo que no haber tenido maestro fue una verdadera oportunidad. La carencia, al fin y al cabo, siempre estimula la creatividad. Sin modelo que seguir, tuve que inventar mi propio camino. Y este estilo, que me pertenece, no pretende apropiarse de una tradición en la que no crecí; solo busca dialogar con ella.
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📍 Charente-Maritime, Francia
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